El temperamento del Labrador es una característica distintiva de la raza. Es un perro cariñoso, inteligente, bondadoso, equilibrado, sin signos de agresividad o timidez y siempre bien dispuesto para todo. Es un excelente e inseparable compañero, con una fuerte tendencia a complacernos, su fidelidad puede llegar a límites extremos. Es un perro entusiasta, alegre, y cualquier cosa es una invitación al juego. Su alegría de vivir innata está siempre manifiesta en su expresión y actitud.

Es considerado como un perro familiar, a pesar de que su verdadera función sea la de un cobrador de caza (retriever). Sus grandes aptitudes lo llevaron a convertirse en una de las razas más populares y versátiles, con una gran utilidad para servicios humanitarios, como ser perros lazarillos para personas invidentes, grandes compañeros para todo tipo de personas, perros-oído para los sordos, detección de bombas y de incendios, detección de drogas y otras sustancias, búsqueda y rescate en aludes, catástrofes y terremotos, perros de terapia en hospitales y programas especiales, detección de cánceres, entre otras.

Es un perro sumamente amistoso, lo que no lo hace una raza guardiana por naturaleza, pero esto no implica que ante una situación de riesgo haga todo lo posible para defender a su familia, tanto humana como canina. Es muy dependiente de su dueño y es imposible mantenerlo aislado, necesita estar integrado a su ámbito familiar, como un miembro más de ella.

Disfruta mucho del agua, es un excelente nadador y su anatomía esta especialmente preparada para serlo.
Es necesario un ejercicio regular y una enseñanza básica. El labrador necesita sentirse útil, y todo lo que le enseñe lo aprenderá con gran rapidez y entusiasmo.